lunes, 25 de febrero de 2013

Toda una vida


Cincuenta años son muchos años. Y si hablamos de cincuenta años de matrimonio, a mí por lo menos me parece toda una vida.

Pues esos son exactamente los años que llevan casados Belén y Manolo, una pareja adorable a la que tuve la suerte de conocer hace unas semanas.

Desde aquel Día de San Valentín de 1963 en el que se dieron el sí quiero en un pueblo de Sevilla, ha llovido mucho. Pero sé de buena tinta que se siguen queriendo de la misma manera. Sólo pude pasar con ellos unas horas, pero esas cosas se notan. La forma en que Belén hablaba de su marido, de lo bueno y guapo que había sido siempre… esto último, por cierto,  pude corroborarlo yo misma mirando las fotos que me enseñó de cuando eran jóvenes. Pasé un rato muy divertido y agradable.

El caso es que este pasado fin de semana han celebrado sus Bodas de Oro con toda su familia: cuatro hijos, tres nueras, seis nietos y un perro. Y confiaron en mí para poner el toque dulce a la fiesta, algo que, por supuesto, me hizo mucha ilusión.

Quise hacer un pastel sencillo, pero que desprendiera amor por todos lados, así que… ¡CORAZONES! ¿Hay algo que represente mejor al amor? Dorados, eso sí, como el compromiso de cincuenta años de cariño y convivencia. Por dentro, bizcochito de vainilla sin huevo, ya que Belén es alérgica a ellos, bañado con mucho almíbar de vainilla y relleno de mousse de Nutella. Este fue el resultado. 



 




¡¡Felicidades!! A Belén y Manolo, por esos cincuenta años de amor y por otros cincuenta más. Y a sus hijos, en especial a mi amiga Lola, por tener esos padres tan, tan… ¡tan de gran categoría!

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