Cincuenta años son muchos años. Y si hablamos de cincuenta
años de matrimonio, a mí por lo menos me parece toda una vida.
Pues esos son exactamente los años que llevan casados Belén
y Manolo, una pareja adorable a la que tuve la suerte de conocer hace unas
semanas.
Desde aquel Día de San Valentín de 1963 en el que se dieron
el sí quiero en un pueblo de Sevilla,
ha llovido mucho. Pero sé de buena tinta que se siguen queriendo de la misma
manera. Sólo pude pasar con ellos unas horas, pero esas cosas se notan. La
forma en que Belén hablaba de su marido, de lo bueno y guapo que había sido
siempre… esto último, por cierto, pude
corroborarlo yo misma mirando las fotos que me enseñó de cuando eran jóvenes.
Pasé un rato muy divertido y agradable.
El caso es que este pasado fin de semana han celebrado sus
Bodas de Oro con toda su familia: cuatro hijos, tres nueras, seis nietos y un
perro. Y confiaron en mí para poner el toque dulce a la fiesta, algo que, por
supuesto, me hizo mucha ilusión.
Quise hacer un pastel sencillo, pero que desprendiera amor
por todos lados, así que… ¡CORAZONES! ¿Hay algo que represente mejor al amor?
Dorados, eso sí, como el compromiso de cincuenta años de cariño y convivencia. Por
dentro, bizcochito de vainilla sin huevo, ya que Belén es alérgica a ellos,
bañado con mucho almíbar de vainilla y relleno de mousse de Nutella. Este fue
el resultado.
¡¡Felicidades!! A Belén y Manolo, por esos cincuenta años de
amor y por otros cincuenta más. Y a sus hijos, en especial a mi amiga Lola, por
tener esos padres tan, tan… ¡tan de gran categoría!









